Érase una vez


en un país lo suficientemente lejano como para no saber de él, existía un chico llamado Marco, era uno de esos chicos con una gran coraza para los demás, el típico chico reservado, era fuerte, buen parecido, pero con una pequeña debilidad, era muy enamorado…

Había tenido tantas novias que perdía la cuenta, muchas porque eran lindas, otras porque deseaban tener algo con él, y otras sólo por no estar solo. Un día, conoció a Polo, una chica tímida y no muy vivida a comparación con las otras chicas de su edad. Los primeros días sólo fueron de vista para ambos, ninguno parecía tener el suficiente valor para dirigirle la palabra al otro, una tarde él se encontraba medio aburrido en la computadora dentro del famoso Messenger, y ella se conectó. Inmediatamente ella le escribe, pero para sorpresa de él solo decía: – ¿Quién eres? -, él aburrido aún contesta, – Soy Marco, creo que nos conocemos del campus -. Pasan los minutos y ella le responde, – Ya se quién eres ¿Cómo estas? -, de esa forma se inicia la primera conversación entre estas dos personas, muy diferentes entre sí, pero, ¿Por qué se empeñaría el destino en esto?.

Al cabo de unos cuantos minutos, la conversación se hizo interesante, y él sin antes haber compartido palabra alguna con ella la describió de tal forma que ella quedó sorprendida, porque no sólo no se equivocó, sino que no obvió ningún detalle sobre la forma de ser, de ver y de llevar la vida. Ella no dijo nada más.

Los días siguientes para estas dos personas fueron más de miradas en complicidad, de pequeñas sonrisas, que de palabras compartidas. Ella se acercaba a él, y él a ella, pero siempre acompañados por el grupo. Una tarde, ellos como quien no quiere la cosa se apartan del gran grupo y comienzan a conversar sobre lo que había hecho cada uno en la tarde, algo práctico para iniciar la misma; se encontraban en una banca que quedaba diagonal a una fuente, solo que no existía la misma. Los demás se fueron dispersando con el tiempo y ellos quedaron solos, al fin. Marco, por tener más experiencias en estas cosas, y romper el hielo, cambia a una conversación un poco más personal, le pregunta cosas para tratar de conocerla mejor, y ella responde abiertamente a las mismas, había una especie de conexión bastante fuerte, lo que uno llamaría irresistible, dos polos opuestos que en vez de repelerse como es natural, se atraían con una fuerza que poco a poco se incrementaba.

Sorpresivamente ella de la nada le confiesa sus sentimientos, él sorprendido, no responde, ya que ésta era la primera vez que estaban conversando frente a frente, y solos, ella nerviosa, con un acelerado palpitar en el corazón, con sudoración en las manos, con un pequeño mariposeo en su barriga, y con un delicado erizar en la piel, le dice con una voz muy suave, casi como un susurro, casi ininteligible. ¡Me llamas mucho la atención!, poco después sus mejillas estaban coloradas, mientras que su mirada yacía clavada en el banco donde se encontraban sentados, él no contestó, sólo la observó por unos minutos y al cabo de un tiempo sonrió, una sonrisa pícara y malvada justo como ella antes había dicho que le gustaban, pero en ese preciso momento no era la sonrisa lo que ella miraba con gran atención sino los ojos de Marco, ésta era la primera vez que ambas miradas se encontraban durante tanto tiempo, casi sin parpadear; fue tan profundo que ambos se veían a través de los ojos del otro, unos ojos que ella había descrito como hermosos.

Luego de dicho momento ambos siguieron callados, sólo se limitaron a observarse, poco después él se pozo en frente de ella con la intención de recibir un beso, un verdadero beso de sus suaves y tiernos labios, ya no había nada que decir, pasó gran tiempo, una larga pausa, se hicieron suaves susurros, pícaros retos, a su vez se dejaron escapar algunas sonrisas, hasta que ella nerviosa y tímidamente decidió bajar poco a poco hasta donde se encontraban los labios de él, su rostro dibujó una caída como especie de tobogán, sólo que en cámara lenta; los labios chocaron con firmeza, permanecieron quietos y luego se iniciaron unos suaves y tímidos movimientos, sus bocas se fueron abriendo lentamente mientras ambas respiraciones se aceleraban y se iban haciendo tiernos cambios de posición, se dejaban escapar pequeñas pero marcadas caricias, ambos daban pequeñas mordeduras al labio inferior, sonreían, sin dejar de acariciarse y besarse entre labios se decían susurradamente ¡Te quiero!, ¡Eres tan hermosa!, ¡Que lindo es estar aquí contigo!, ¡Llegaste a mí en el mejor momento!…,  y así hasta darse cuenta que ya tenían 29 minutos sin separarse. ¡29 minutos!, ya había caído la tarde, ambos se detuvieron sonrieron entre dientes, miraron el reloj y rompiendo el lindo y único momento vivido entre ellos se dirigieron rápidamente a donde se encontraban los demás, mientras sus manos se encontraron en un fuerte lazo, charlaron,  y, se hizo la hora de irse a sus respectivos hogares.

De ésta forma Marco se acercó sigilosamente a Polo, lentamente su mano derecha se posó bajo la barbilla de ella elevándole la cara hacia él; ya que Marco era más alto, y ésta vez fue él quien se dejó caer hasta donde se encontraban sus labios, fue corto pero muy tierno, el típico beso de despedida, pero ambos sabían que era mucho más que eso, luego le sonrió y poco después pronunció suavemente en su oído, ¡Hasta mañana!, ella soltó una sonrisita tímida y asintió con la cabeza, él volvió a sonreír y luego se marchó, poco después ella también hizo lo mismo…

Y de ésta manera el león se enamoró de la oveja…

Como también dice el dicho Marco estaba con su Polo, ¡Marco-Polo!, pero algo oscuro estaba también por ocurrir, las dudas empezaron a rondar por sus respectivas mentes, ¿Estarían así por siempre, como se prometían ellos?, ¿Podría él estar por primera vez con una sola mujer, ¡la indicada!?, ¿Podría ella superar sus inseguridades, sus problemas, sus miedos a qué pasará después?, ¿Qué vendrá luego?, en palabras resumidas,

¿Podrían ambos realmente amarse y estar juntos sin ninguna clase de percance?

 

Nadie puede predecir qué alturas podrá usted alcanzar. Ni usted lo sabrá hasta que despliegue plenamente sus alas.

Vince Lombarda

 

Unirse es un comienzo; seguir unidos es progresar; trabajar unidos es tener éxito.

Henry Ford

 

Las palabras, son enanos, los ejemplos, son gigantes.

Proverbio suizo

 

Si hallas un camino sin obstáculo, desconfía; lo probable es que no conduzca a ninguna parte.

Constancio C. Vigil

 

No importa que tan duro te golpee la vida, ni que sean incontables las veces en que caigas derrotado, lo verdaderamente importante son las veces en que te levantas y las ganas que poseas de seguir. Ahora mis ganas eres tú, ya que cuando uno da un rayo de luz a una persona amada es imposible no quedar bañado con su resplandor.

Jesús Salas

Si algo de esto despertó en ti un sentimiento, házmelo saber, yo estaré a la espera de ese llamado, ya que no hay cura alguna para dejar de sentir… lo que por ti siento…

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