El ángel caído (II parte)


La batalla celestial y expulsión de Luzbel

Eran tiempos muy antiguos, mucho antes de la creación de la Madre Tierra, no existían Ángeles o Arcángeles; solo Dios el Justo y un grupo de escoltas; no usaban brillantes armaduras, ni fuertes espadas… ni siquiera tenían alas, fue el primer modelo, eran rápidos, extremadamente fuertes e inteligentes. Se decía que evolucionaban con el tiempo.

Antes, todos, absolutamente todos se regían por una ley, dicha ley era inquebrantable, desde el nacimiento era inculcada, pero hasta dicho momento no había ningún ser capaz de romperla, incluso de acercarse a ello. Todo marcho igual hasta el nacimiento de Zero, el ultimo escolta, desde su creación era un modelo prospecto, muy rápido, anhelaba mas de lo que tenia, el poder era su debilidad. Una noche, la madre de Zero estaba muriendo, (estos ángeles modelos o escoltas no tenían inmortalidad), Zero perdió el control. Normalmente un escolta tardaría minutos incluso horas en llegar a la presencia de Dios el Justo, pero por la muerte de su madre y el talento natural de Zero lo hizo en tan solo segundos.

Su gruesa voz se distinguió entre los cánticos de algunos ángeles, rompió el susurro diciendo:

Dios, mi Dios salva a mi madre, solo tu tienes el poder para hacer inmortal y eterno a alguien como nosotros. Hazlo te lo pido por favor.

Estas palabras fueron claramente escuchadas por Dios el Justo, pero no fueron correspondidas con la atención o las ganas que Zero imaginaba, Dios el Justo se encontraba creando una nueva raza, los Arcángeles. Eran poderosos ángeles de batalla, una verdadera escolta real, había varia espadas y brillantes armaduras esperando ser usadas, poseídas por uno de ellos.

En la desesperación de ver que aunque su madre estaba muriendo y él, fiel y leal servidor se lo pedía, se lo imploraba, se lo suplicaba a gritos no era escuchado, en cuestión de segundos, segundos en los cuales llegó al olvido la única regla y le grito fuertemente:

– Yo usaría ese poder mejor que tu, que te haces llamar Dios y no te importa que una de tus hijas muera.

En ese momento La Soberbia consumió a Zero, Dios el Justo molesto y a la vez sorprendido o decepcionado ya que Él ante el entusiasmo de ver nacer a Luzbel como primer Arcángel de la Luz no tomo en cuanta con la debida atención las suplicas de Zero que malamente reacciono contra este dijo: Fuera del paraíso; Zero acepto pero no antes sin tomar una lanza y perforar una de las manos de Dios el Justo, mientras este se defendía del inminente ataque Zero miró a Luzbel unos segundos y dijo:

– tu serás mi venganza…

De esta forma se violo la ley de La Soberbia y se produjo la primera expulsión del Reino de los Cielos.

En la actualidad, en la sala donde estaba a punto de desatarse una segunda expulsión y una gran batalla, Luzbel dice a Dios el Justo:

– ahora se toda la verdad; recuerdas esto – arrojando una cabeza de blanca cabellera, un demonio, pero muy bello y de delicados rasgos, mas bien parecía un ángel tanto así que Miguel con fuerte voz dice a Luzbel:

– haz matado a uno de los nuestros…

Luzbel con una irónica risa contesta:

– todos los demonios somos nosotros mismos cuando somos consumidos por la oscuridad, mira el lado oscuro pero nunca te hagas parte de el, no es así querido padre.

Dios el Justo con lágrimas en los ojos al ver que si querido hijo Luzbel había caído en las garras del ahora muerto Zero, y del que hasta ahora nadie sabia de su paradero dice:

  • fue un error que llevare siempre conmigo; eso si tomo lo que Zero creía, pero a tu lado, mira a tu lado, esta Rachel tu mano derecha y gran guerrera que se unió a ti para darle cacería a su propio hijo consumido por la oscuridad volviéndose un demonio, justo en lo que tu te estas convirtiendo.
  • Yo, yo salve a su madre justo la primera vez que este me lo pidió, para mi no hay necesidad de suplicas, con solo el primer llamado yo escucho, ustedes son mis hijos amados a quien yo siempre escuchare, pero el tono de su voz y la desesperación de Zero, misma desesperación que tienes tu ahora no les deja ver la luz, la verdad, la vida, y es por eso que soy Dios, y es por eso que con el dolor es necesario destruirte. Hay un limite en la vida, hay quienes lo exceden y se arrepienten y vuelven a mi, pero hay quienes se dejan seducir por este y terminan siendo y diciendo algo que no es y no será.

Justo en ese momento el alma de Luzbel termino de ponerse negra, con este algunos ángeles de batalla también, simultáneamente Dios el Justo por primera vez desenvaina su espada, era de diamantes e inicia la lucha celestial por reivindicar el orden y la paz en el Reino de los Cielos.

Algunos murieron degollados, otros a mordiscos y arañazos por parte de los nuevos demonios, otros perecieron ejecutados, cortados por la mitad o en tantos trozos cuya cuenta se perdía, la sala quedo llena de restos, demoniacos y de arcángeles y también ángeles de batalla. Solo dos podían estar de pie pese a las heridas, Dios el Justo por el lado del bien y Luzbel – Lucifer por el lado del mal.

Dios el Justo aun con la esperanza de que su hijo perdido volviera a sus brazos le dice:

  • Luzbel, mi primer y adorado hijo arrepiéntete y vuelve a mi, arrepiéntete de tus pecados, vuelve a ver la luz, hay tiempo.

Lucifer solo contesto:

  • Jamas

Y Dios el Justo dijo:

  • si esa es tu respuesta te advierto, si me atacas en tu condición perecerás. Lucifer ataco sin pensarlo dos veces, la gran espada negra atravesó debido al fuerte golpe de la espada de diamante de Dios el Justo la pierna, mientras que esta atravesó su negro corazón sellándolo por 2000 mil años.

Se dice que debido al dolor de Dios el Justo por la repetición de la historia luego de tantos años jamas salio de esa sala y le dio el mando a Miguel y Gabriel de exterminar a todos los demonios y cuidar la espada negra, lugar donde se encontraba sellada el alma de Lucifer.

También hay quien dice que Dios el Justo mando a su hijo Jesús a la Madre Tierra para salvarnos a todos del pecado, ya que hace 11 años se cumplieron los 2000 mil años y el alma de Lucifer esta suelta y haciendo de las suyas…

Y hay quien dice lo que digo yo. Cree en algo y defiéndelo hasta la muerte sea o no gloriosa.

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