Jardines – el lugar correcto


EL LUGAR CORRECTO

Qué raro se siente cuando tienes una causa fija de tus emociones por tanto tiempo, un lugar especial, y de repente llega un momento en el que se rompen tus esquemas, aparecen nuevos sitios que te llaman la atención, como aquel niño que tiene su jardín, lo conoce a perfección y en él se siente seguro, pero en el del vecino de repente ve una rosa, algo que en su jardín jamás había visto y siente esa curiosidad natural de verla, tocarla, olerla e incluso probarla que únicamente la controla es ese temor a que en aquél jardín  haya algo que lo lastime; sientes que tu sistema se descompensa.

Sientes que el primero va poco a poco quedando sin emociones, como si todas se drenaran hacia el segundo. Sin embargo, las más pesadas se quedan ahí, inmóviles, como esperando que tú personalmente te encargues de trasladarlas. En ese instante, las emociones más ligeras están en un nuevo lugar, incitándote a hacer ese cambio, mientras que esas más fuertes imponen una resistencia enorme, resistencia que sabes que si sigues insistiendo  en algún momento va a ceder, pero mientras tanto están ahí, empeñadas en permanecer en ese lugar, pues ahí nacieron, ahí crecieron.

Te hace sentir mal el querer obligarlas, pues como bien expliqué antes, fue ese su sitio de gestación y desarrollo, un desarrollo que nació de ti y de aquel lugar, un lugar que te ha entregado tanto… pero ya no. Quizá por el desgaste debido a su intensidad de entrega. Pero entonces

¿Es que acaso tú no le has respondido con la misma entrega?

Eso es imposible. Estás consciente de que siempre has dado lo mejor de ti, ¿o quizás no?  Pero sinceramente, pensar en eso e intentar buscar respuestas sería terminar más exhausto de lo que ya te encuentras.

El punto es que ya ese lugar está marchito, o eso pareciera, o esa es la explicación pues te niegas a creer que lo que está marchito eres tú. De este modo estás buscando motivos “extremos” para abandonar ese lugar, motivos que justifiquen tu huida.

Lo único que sabes es que algo ya no funciona, algo se marchitó y en repetidas ocasiones has intentado disimularlo. Cuando al fin no te hiciste la vista gorda te sentías vacío, pues huiste sin tus emociones, cometiste el error de dejar las emociones pesadas abandonadas en aquel lugar, pretendiendo que en algún momento el reverdecer de allá termine sepultándolas y pudriendo los lazos que lo unen a ti, pero fue imposible. Eso te hace pensar que es imposible alejarte, como si no hubiera otro lugar que pueda adaptarse de la misma forma que aquel viejo lugar, que se ha convertido en tu escape, en tu mundo imaginario, en tu refugio, en tu mundo color rosa.

Sabes, al fin y al cabo, que ya no te das abasto con ese lugar, pero ¿cómo saber si en realidad aquel jardín con aquella rosa es tan espectacular como te lo imaginas? ¿Cómo sabes que es momento de hacer aquel esfuerzo tan extenuante de mover esas emociones que al tratar tan siquiera de arrastrarlas sientes como si pesaran una tonelada?

Cuando levantas tu cabeza fuera de tu lugar y del de en frente, te das cuenta de que no se puede hablar de un único sitio que te llame la atención, hay muchos, con distintos ambientes en los cuales hay una posibilidad de encontrarte cómodo:

El primer lugar parece sencillo, incluso algo escondido, reservándose para aflorar a plenitud cuando reciba al huésped correcto, con temor incluso a no lograr llamar la atención de él, sin embargo, da una pequeña muestra de lo que puede ofrecer, del tamaño de una rosa, a veces rayando en la timidez, a veces rayando en la soberbia.

Miras al lado y ves otro lugar, algo menos preocupado por una estadía prolongada, simplemente te hace ver que basta con un minuto en él para que sientas que estás en la gloria, es como si exhibiera sus mejores cualidades para poder hacer que te acerques rápidamente. Estás consciente de que sólo te sentirás a gusto por un momento y de vez en cuando, pero ¿en realidad es tan terrible? ¿En realidad necesitas un lugar en el cual quedarte por siempre? A lo mejor con eso basta, con sólo un momento.

En último lugar, te vibra el teléfono y lo sacas del bolsillo del pantalón, habías olvidado que hace años te habías suscrito por medio de correo electrónico a una serie de imágenes de un paisaje, no necesariamente el más hermoso, pero sí uno de los más confortables, lo que lo hacía sumamente atractivo, como si a distancia hubiera encontrado la forma de amoldarse a ti. Aun así, sientes que tu refugio, tu mundo color rosa a lo mejor te ha transformado, o en realidad aquel lugar lejano se ha reamoldado a su gusto debido a tu descuido, tan centrado estabas acoplándote con lo que te rodea que  aquél paisaje no supo que más hacer, así que ya no es lo que te imaginabas a distancia.

Por último, ya fatigado de tanto halar y halar aquellas toneladas de emociones, te das cuenta de que las has desprendido y las tienes guindando en tus manos. Al fin respiras aliviado, das otro vistazo y ves que existen muchos otros jardines o lugares (como quieras llamarlo) que pudieran encajar en lo que necesitas y a lo lejos te das cuenta de que hay un espacio, uno muy grande y completamente desierto, te preguntas cómo no lo habías notado antes y sonríes para ti mismo. Te secas la frente y con tus emociones en mano caminas hacia allá, te das cuenta de que puedes construir todo de acuerdo a tus propias necesidades, perfectamente a tu medida, y como eres única e independientemente tú quien está entregando, sin buscar nada a cambio, no sientes fatiga. Cuando terminas de trabajar, colocando todas tus emociones en aquel lugar, te das cuenta de que no sientes cansancio y entiendes que a ese lugar fue a donde siempre perteneciste, a ti mismo.

Y ¿con respecto a todos los demás lugares? Asumes una posición de visitante, que se queda en cada uno hasta que sientas que ya no te hace falta, regresando siempre a lo que siempre fue tu lugar correcto y no lo habías notado: tú.

Otra de las notas que comparto bajo el seudónimo de Mariana Caracas, sigue así, tienes un futuro con esos explosivos desahogos como tú los llamas.
Espero les guste.

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