‎De Todo a Nada


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Nota cortesía de:

Luisa María Tovar
De nuevo tenía hambre. Ya hacía 3 semanas que no me alimentaba bien, y el estómago comenzaba a pasar factura de eso. Busqué entre las especies del bosque que estaba a mí alcance. Visualicé un venado cachorro que se veía indefenso, y me instalé cerca a esperar a que se separara de su madre. Lo aceche por horas, estaba fijo en mí escondite observando todos sus movimientos. Cuando ya la madre le quitó la vista de encima, yo me apresure corriendo a su hábitat, y justo cuando me vió acercándome a toda velocidad, se levantó y echó a correr también. Tal vez pudiera haber escapado de mí, pero era muy joven y lo alcancé con facilidad. Primero lo derribé, y el chillaba y pedía ayuda. Yo lo ignoré, y proseguí a hincarle los dientes. Desgarré su pecho y logre despedazar su corazón, el cual dejo de latir en cuestión de segundos. Empecé a despegar la carne de sus huesos y músculos para triturarla y tragarla. Lo devoré con ansias debido a mi exagerado apetito. Cuando ya estuve satisfecho, tomé lo que quedaba del animal y lo lleve a mí refugio para alimentarme después. Fuí al río a refrescarme y a limpiar la sangre que tenía en todo el cuerpo, luego de eso me eché bajo la sombra de un árbol a descansar y el sueño fue viniendo lentamente a mí, hasta que quedé completamente dormido.
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Las luces me despertaron, aún estaba grogui, así que no fuí lo suficientemente veloz como para escapar de las redes que me atrapaban. Intenté luchar contra ellas mientras luchaba furioso, pero todo era inútil, no había vuelta atrás; me habían apresado. Me tiraron en la parte de atrás de una camioneta, los hombres se reían satisfechos, discutiendo cuanto dinero iban a ganar por entregarme. Yo solo me recosté y esperé a que pasara lo inexorable. Tiempo después, llegamos a un lugar con muchas jaulas, y luego de hablar con otro hombre, mis captores me encerraron en una de ellas, con un plato de comida de larga duración. Que asco me daba, no había nada como la carne fresca. Mire a mi alrededor taciturno, dándome cuenta de cuan deprimente había terminado mi vida. Cuando amaneció, mucha gente fue a verme, gente que no conocía. Me trataban como una atracción de circo, pero yo simplemente los ignoraba.
  En mi celda, había otro igual a mí, no me había dado cuenta, así que me acerqué a él.
-¿Dónde estoy? ¿Quién eres? ¿Cuánto tiempo llevas aquí? -le pregunté. Él me respondió sin expresión alguna.
-Yo llevo aquí 6 meses, y las personas me llaman “Chang”. He oído decir que esto es un zoológico, y aquí, hermano mío, tenemos el nombre de “tigres”.
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