Donde los ciegos ven


090911_foto_blanco_negro2re

 

Nota cortesía de:

Luisa María Tovar

Al fin llego a ese lugar. Las flores cantantes poblaban el suelo, y caminaba con cuidado para no pisarlas y apagar las dulces melodías que emitían. Estaba completamente maravillado con las tierras que recién había encontrado, las cascadas de pentagramas ascendían a toda velocidad por la superficie de lava al rojo vivo. Los animales fueron lo que más lo asombraron. Los venados tenían cuerdas entre sus cuernos, formando una especie de arpa; los elefantes tenían una tuba en lugar de cabeza, y sus barritadas estaban sustituidas por las graves notas del instrumento; los chimpancés tenían maracas en la cola y tenían todo un ensamble de percusión montado a partir de cocos, rocas, hojas, ramas y caracoles. El viento soplaba en su cara, y llevaba a sus oídos el lejano rumor de un violín, o quizás un chelo. Cuando lograba ensamblar todos los sonidos, una sinfonía maravillosa resonaba en sus tímpanos, lo inspiraba a cantar y a moverse al ritmo que percibía. Pero justo antes de que en realidad empezara a saborear la música, esta se torno lúgubre, con acordes menores, y al poco tiempo se convirtió en un desfase de ruidos que difícilmente podían ser llamados sonidos. Eran desagradables al oído. Luego, repentinamente todo calló. Sus oídos dejaron de escuchar, y los pentagramas y los animales se fueron volviendo borrosos, hasta que quedaron las tierras baldías que solo los ojos abiertos eran capaces de ver.

Anuncios

Si tomaste unos minutos para leer, toma uno más para comentar.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s