Eso


buho

 

Iba caminando rumbo a la zona de entrenamiento cuando lo vi, corrección, cuando me pareció haberlo visto.

Estaba sobre un árbol, una mirada feroz, no, desafiante, me retaba, o eso fue lo que pensé, pero ¿Qué quería?. Al llegar les comenté a mis compañeros, -Oigan, que extraño ese búho de allá, te mira como si te dijese, bueno, aquí estoy-. Ellos rieron, me miraron extrañados, como quien no entiende la broma, pero la semilla estaba sembrada.

Dos días después lo sentí.
Una noche lluviosa, estaba en el umbral de mi casa, el frío se colaba por mi vestimenta, y de repente, siento un respiro en la nuca seguido de una paralización de piernas -que mala maña-, sentí recorrer una gota de sudor desde su nacimiento hasta el coxis, y, de la nada una voz ¿Angelical? Me susurra -Aquí estoy-.

Y en mi mente no vi más que a ese condenado búho con su mirada desafiante de – he venido a por ti, no hay distancia que te salve-.

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