Él vino a verme


 

Tenía seis años cuando lo vi. Fue intimidante, él era tan grande, tan feroz, imponente en todo sentido; yo sólo era un niño ingenuo que aún creía en Santa.

Tenía seis años cuando me decepcioné por vez primera de eso que llaman “vida”, parecía tan fácil, que tonto fui.

Él llegó sin invitación ¿¡Pensándolo bien, quién lo iba a invitar!?, llegó en medio de la noche, en medio de la nada… no había a donde ir.

Él sólo me miró, pero en sus ojos pude verme a mí mismo, o eso creí, esa decepción marcada, ese “no pudiste”, ese horrible “no fuiste lo suficientemente…”; supongo que de las decepciones se aprende, pero yo de esa aún no veo salida.

Estoy próximo a cumplir 19 años desde que lo vi, ahora sé que él era mi miedo, que él fue quien me enseñó, que él fue quien estuvo ahí cuando todos me dieron la espalda, él, esa oscuridad que en todos late y que tan pocos conocen…

Muchos huyen de ella, yo hoy aquí, la abrazo como a una vieja amiga. 

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